Eslinda Núñez y Adria Santana en los roles protagónicos de "El placer de la intimidad".
No creo que sea como para evocar “Por primera vez”, el célebre documental de Octavio Cortázar que muestra a un grupo de campesinos obnubilados por el cine móvil. Pero este septiembre fue singular para el pueblo de Sagua la Grande, que presenció buena parte del rodaje. Niños y mayores solían contar que habían conversado con el villano de las aventuras “Los tres Villalobos” y que habían callado a la voz de ¡Silencio! emitida por una directora que hablaba muy alto.
Resultó común ver pasearse por nuestras calles al popular actor de la televisión Aramís Delgado, o a Eslinda Núñez (una de las Lucía de Humberto Solás), con atuendo propio de la segunda década del siglo pasado. “Algo parecido a lo que hacía la Pávlova durante una visita a La Habana: cruzaba con vestuario y todo del hotel Plaza al Gran Teatro”. Así le dije a Adria Santana, también las figuras escogidas por la realizadora Consuelo Ramírez para protagonizar “El placer de la intimidad”, versión televisiva de “La señora Frola y el Señor Ponza, su yerno”, cuento original de Luigi Pirandello.
Como ocurre con buena parte de la obra de este autor italiano, se trata de una comedia de enredos, donde los bretes tan comunes en los pueblos pequeños, terminan desencadenando situaciones capaces de motivar sonrisas y reflexiones.
La idea de presentar a la Villa del Undoso como un paraje italiano constituye una locura exclusiva de Consuelo Ramírez, enamorada de esta ciudad desde el día que la descubrió hace casi un lustro. Acostumbrada a reservar los altos decídeles solo para la filmación, Consuelo me contó que su propósito de filmar aquí debió vencer obstáculos y posposiciones. Sin embargo, finalmente se logró y ni siquiera fue necesario sustituir a alguno de los actores convocados inicialmente. Enrique Molina, Edith Obregón y la sagüera Lucía Chion, también lograron venir a trabajar en esta ciudad que, a juicio de la directora general, ahora despertará el interés de un mayor número de realizadores del audiovisual. Vaya, que si Gibara encontró a un descubridor en Humberto Solás, nosotros tenemos a Consuelo.
Si Sagua fue una buena elección o no para ambientar la historia de Pirandello se sabrá luego que la televisión exhiba “El placer de la intimidad”. Lo cierto es que los nativos vivimos días inolvidables.
Hasta los comensales de la cremería “Polo Norte” recordarán de modo especial el sabor de una vainilla que tuvieron que tomar sin apenas mover las cucharitas porque se grababa muy cerca de allí, en el parque Joaquín Albarrán, y Yony Yánez –el eficaz asistente de producción- reclamó el mayor silencio para una obra que pretende trasladarnos a tiempos en que no eran comunes los sonidos de las motocicletas y los tractores.
Supongo que los usuarios hayan podido comprender a nuestro amigo, tan estresado como estaba con el trabajo televisivo. Ya tendremos tiempo para la algazara. ¡Qué suenen las cucharitas –y los aplausos- cuando quede totalmente listo el telefilme para el que Sagua la Grande generosamente brindó locaciones!
Un momento de la filmación en el parque Joaquín Albarrán
Excelente atmósfera lograda por la actrices Adria Santana y Edith Obregón
El director de fotografía, José Manuel Riera, tripula un improvisado dolly. A la derecha, Consuelo Ramírez, directora general.
Cuando nací, sin sol, mi madre dijo: —Flor de mi seno, Homagno generoso De mí y del mundo copia suma, Pez que en ave y corcel y hombre se torna, Mira estas dos, que con dolor te brindo, Insignias de la vida: ve y escoge. Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza: Hace de manso buey, y como presta Servicio a los señores, duerme en paja Caliente, y tiene rica y ancha avena. Ésta, oh misterio que de mí naciste Cual la cumbre nació de la montaña Ésta, que alumbra y mata, es una estrella: Como que riega luz, los pecadores Huyen de quien la lleva, y en la vida, Cual un monstruo de crímenes cargado, Todo el que lleva luz se queda solo. Pero el hombre que al buey sin pena imita, Buey vuelve a ser, y en apagado bruto La escala universal de nuevo empieza. El que la estrella sin temor se ciñe, ¡Como que crea, crece! Cuando al mundo De su copa el licor vació ya el vivo: Cuando, para manjar de la sangrienta Fiesta humana, sacó contento y grave Su propio corazón: cuando a los vientos De Norte y Sur virtió su voz sagrada, — La estrella como un manto, en luz lo envuelve, Se enciende, como a fiesta, el aire claro, Y el vivo que a vivir no tuvo miedo, ¡Se oye que un paso más sube en la sombra! —Dame el yugo, oh mi madre, de manera Que puesto en él de pie, luzca en mi frente Mejor la estrella que ilumina y mata. José Martí
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