domingo, 3 de agosto de 2008

SEGUIRÉ DESNUDÁNDOME

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El título no es una idea propia; se lo debo al periodista santiaguero Reynaldo Cedeño Pineda. Artífice de uno de los blogs más dinámicos de Cuba, Cedeño me dijo que el ejercicio del criterio es un acto público de desnudez.

Más allá de la seducción despertada por los cuerpos desnudos, la crítica ha sido elemento esencial en la vida de este escribidor. Poseer una conciencia crítica, se haga pública o no, constituye algo inherente al quehacer artístico. Mi vida de camagüeyano en el Instituto Superior de Arte, me recuerda la imagen menuda de Juan Antonio García Borrero (uno de los más destacados críticos del audiovisual en Cuba) empeñado por fomentar entre los alumnos lo que suele llamar PENSAMIENTO CRÍTICO. ¿Y qué falta para lograr tal cosa?

Hace poco, invitado a la tertulia de
Luís Machado Ordetx en Santa Clara, intenté reflexionar al respecto. Aunque el camino de la crítica resulta mi único derrotero. Y no precisamente porque me moleste aquello de “quien no es capaz de crear no debe criticar”. Si alguna vez ciertos espacios han acogido mis comentarios ha sido más por la generosidad de algunos colegas, que por mis propios afanes. Es cierto que loso predios de la cultura y la sociedad en general acusan la ausencia de críticos. Pienso fundamentalmente en esos medios de todos los días, los más inmediatos: el periódico, la Internet, la radio, la televisión…que pueden decir mañana mismo al público si la exposición inaugurada hoy en la galería es buena o mala. Así de sencillo.
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Por decirlo de algún modo, no soy un “profesional” de estos menesteres, pero no asumo la crítica como un carnaval, o como un acto carente de meditación. Tengo sangre en las venas y como cualquier hijo de vecino me topo con productos culturales infames, pero es mejor escribir luego de la primera impresión. Con el tiempo se aprende que las ideas hay que dejarlas reposar.

Aludí al aprendizaje académico, pero no sé hasta qué punto las universidades resulten eficaces en la formación de un crítico. Es probable que usted pueda hallar un filólogo acto para la crítica literaria y otro no. Un economista capaz de convertirse en comentarista de temas afines a su formación y otro no. Un periodista capacitado para la crítica y otro no. Naturalmente, con este último ejemplo sí se traba el paraguas, porque generalmente esperamos que los periodistas ejerzan el criterio, que nos proporcionen elementos para motivar el pensamiento crítico.

Una búsqueda en la red permite comprobar cómo muchos de los blogs de periodistas cubanos, además de estar desactualizados, incluyen pasivamente notas informativas, o en el mejor de los casos, compilan trabajos de otros. No es que todos nuestros informativitas posean recursos técnicos para un blog; pero el asunto, de cierta forma, es reflejo de que el criterio suele estar excluido del trabajo diario. Dígame usted dónde encontrar una buena crónica, una de esas que evidencian opiniones, como corresponde a ese menospreciado género. Similares a las que en su tiempo escribieron Jorge Mañach Robato, o Alejo Carpentier, u Onelio Jorge Cardoso. ¿Qué está pasando con la crónica que los radialistas la hemos dejado nada más que para evocar efemérides, o rendir culto a un trabajador destacado.

Existen variadas fórmulas para exponer el criterio. La historia del periodismo cubano ofrece múltiples ejemplos: desde la aguda sección En Cuba, hasta la sátira presente en las tiras cómicas. Desafortunadamente hoy por hoy ni la radio ni la televisión ofrecen tantos espacios favorecedores de la polémica, a pesar de que las maneras de hacer pueden ser diversas. Entre las aisladas propuestas que surcan el éter, es posible encontrar un programa de dos horas como Alta Tensión (Emisora CMHW los sábados a las 4 de la tarde), donde los funcionarios del Estado responden a las preguntas que les formula en vivo la audiencia; o “Hablando claro”, (Radio Rebelde, de lunes a viernes a las 12 y 15 PM) donde en sólo quince minutos tres periodistas logran al centro de problemas muchas trascendentales para la sociedad cubana. No se cocinan en su propia salsa, como me consta que sucede en otros espacios que terminan sembrando la insatisfacción en el espectador. La alta preparación y responsabilidad les permite inquietar, despertar opiniones.

Ejercer el criterio no es como lanzar una botella al mar. Es lanzarla sí, pero resulta preciso definir qué rumbo debe tomar y seguirla. La primera pregunta que me hago al concluir el programa de debate que hago en Radio Sagua (Con voz propia: Sábados 8 A.M.) es ¿habremos ayudado a resolver algún problema? La respuesta puede resultar negativa, porque no somos magos, pero habrá una próxima vez el sábado siguiente y otra, y otra, para volver intentarlo.




El autor durante un encuentro de realizadores en el Festival de Cine Pobre Gibara 2008
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La crítica que he ejercido más allá de las reuniones sindicales y los encuentros con los artistas que dirijo, han encontrado espacio fundamentalmente en medios de difusión de Santa Clara. Algunos me echaron fuera hace tiempo por razones que no vale la pena contar ahora. Tan sólo le digo al lector que piense cuán poco común es que una emisora, periódico o canal de televisión, posea un espacio para criticar sus propias propuestas. Recuerde cómo el programa televisivo “La columna”, de Rufo Caballero, pasó a la historia hace tiempo.

Pero a la luz de hoy tengo la satisfacción, no de haber ejercido como un dios que tuvo siempre la verdad en la mano. Lo que me contenta es haber dicho lo que pensaba hasta el último día y la constancia de que mis opiniones sirvieron para conformar la de otras personas: artistas y espectadores. Perdí un espacio, pero me quedan otros incluso más allá de las asambleas. Confío en que un criterio honesto, aunque resulte equivocado, hallará oídos receptivos.

Insisto en dejar el academicismo a un lado. Más bien mr he construido mi camino tomando de aquí y de allá, aprendiendo de todos un poquito. Si alguien se decidiera a pedirme un consejo, repetiría lo que le oí decir a otro: “No critiques nada que tú no seas capaz de defender luego cara a cara delante de quien sea”. ¿Será por eso que tenemos tan pocos polemistas? ¿Falta de honestidad acaso? Creo haber dejado claros mis puntos de vista. Para no sucumbir ante la obviedad, dejaré estas preguntas sin respuestas. En todo caso me atrevería a suscribir con mayúsculas algunas palabras claves para facilitar el ejercicio del criterio entre mis lectores: BUEN JUICIO, PREPARACIÓN y VALENTÍA. Seguiré desnudándome.

6 comentarios:

Pablo Palma Leal dijo...

Buena imagen la asociación del ejercicio del criterio con el de un acto de desnudez pública. Te expones así a que algunos admiren tus atributos, y otros a que te lancen piedras por tu osadía. Pero lo que más vale, como tu dices, es la valentía y la honestidad del gesto. En este caso, del criterio emitido por el crítico, el analizador o el cronista. En cuanto al academicismo alegado por algunos como necesario, como un pedigrí autoritativo que determina la calidad del ejercio artístico, literario o lo que sea, la respuesta debiera ser: "baloney" (expresión inglesa que contrasta la mortadella, o baloney, con el jamón, o sea basura). Me gradué de filólogo en la Universidad de la Habana, y cuando terminé solo "sabía que no sabía nada". Un primo periodista, escritor e historiador de Camagüey, muy bueno por cierto, se acomplejaba conmigo porque él no había alcanzado esos "laureles". ¡Boloney!, él era mucho mejor que yo en aquel entónces, pero se sentía disminuido por el pedigrí que yo tenía, y que en realidad no había utilizado tan efectivamente como el lo había hecho.
El camino valiente al que te refieres, al final de tu artículo, es el correcto. Y buen juicio y preparación son las mejores herramientas y la mejor defensa para sortear los escollos.
Suerte, y sigue desnudándote. Siempre vas a tener un oído atento y agradecido que te escuche, aunque a veces parezca que solo hay silencio a tu alrededor, y que solo son las voces abismales de la negatividad las que llegan a tus oídos.

Fabio dijo...

Adrían, aún es increíble que este país, que ya atesora toneladas de resoluciones, instrucciones, acuerdos, etc..etc..etc.. sobre la "necesidad del ejercicio de una crítica artística y literaria", no reconozca de una vez y por todas su necesidad y reconozca el trabajo de gente como tú, como lo que es: un instrumento de luz, de ayuda, de apoyo a una ejecutoria más profesional y formadora de valores.
Mientras, pues a seguir con una misión limpia y de alto rigor, que es al final, la que necesitamos todos.

Adrián Quintero Marrero dijo...

Pablo, gracias pro tus alentadoras palabras. Estoy seguro de que tdispondremos de otros espacios para proseguir nuestro intercambio.
Fabio, si no tiviera la certeza de que sus opiniones suelen ser muy sólidas, diría que es usted, muy generoso. DE todos modos lo hubiera agradecido. Hacev falta que estos espacios de debate no se queden entre unos pocos,que sirvan para ayudar a pensar a la gente del medio. Con eso ayudamos mucho a la REvolución, estoy seguro. Me da pena ´ver cua´n pasivos son los blogs de muchos periodistas. Parece que los tienen "por cumplir". Seguiré abordando estos temas, auque no son los únicos que me interesan. Preparo una entrada titulada "La televisión y yo". ahcenc

EL POLEMISTA (Reinaldo Cedeño Pineda) dijo...

Amigo mío:

Las ideas, si son sinceras y auténticas, siempre arropan.

Alguien debía haber escrito: Opino, luego existo, aunque en realidad esa es una de las verdades no explicitadas: todo el mundo opina de algo alguna vez. Algo muy diferente es vivir de la opinión, o practicarla como parte de tu trabajo o tu forma de ser.

Llevo diecisiete años tratando de ejercer el periodismo con sinceridad y tengo una infinidad de anécdotas de todo tipo cuando la ha ejercido: he ganado amigos y enemigos, admiradores y detractores…pero más de una vez lo he dicho, no se puede esperar una postal de felicitación cuando se ejerce un criterio. Hay que saber que habrá réplica y habrá que prepararse para la contrarréplica.

Tengo ejemplos recientes que aquellos que se han llegado a mi blog pueden ver, pero ese mismo camino me ha demostrado que nos falta mucho para aprender a discrepar con respeto, nos falta calma para rechazar la opinión ajena sin tomarlo como algo personal, sin apabullar al otro y a veces hasta sin ladrar.

Las opiniones se construyen con ideas, no con rabietas ni ladridos. Opinar es construir. Tengo una amiga poeta que me ha dicho que los que te atacan te construyen porque te hacen saltar cada vez más alto. Creo que hasta de las opiniones completamente opuestas pueden sacarse útiles filones: o te reafirma en lo que crees, o te da oportunidad de pensar que tu pensamiento puede ser muy absoluto, o tal vez muy cerrado, y de esa manera te mejora.

El caso de la crítica artística y literaria exige una gran dosis argumental. La apreciación del arte tiene el nivel primario del gusto, pero también necesita un repertorio técnico sobre lo que se cuestiona y un nivel de representación emocional, simbólico en el que necesariamente interviene la subjetividad. Sin subjetividades no hay opinión, pero estas han de apegarse al equilibrio, eje esenciadísimo de la opinión, su piedra de toque.

En La isla y la espina he experimentado y pretendo seguir haciéndolo, alrededor de diferentes temas. Uno de los más fructíferos ha resultado el tema alrededor de: “Los medios masivos y la diversidad sexual”. Te agradezco tus juicios sinceros. Martí dijo:: “Sólo es tremendo lo oculto”. Lo creo. Opinar es ser responsable, no echar a rodar una bola de nieve. Creo que me has embullado a tratar este tema en el blog, en el que acepto cualquier opinión siempre que sea esta respetuosa y no un comadreo de batea, ni un aletazo escudado bajo el anonimato. Hay que tener valor para opinar con el nombre propio, me gana respeto quien lo hace.

Ese respeto del que hablo no debe confundirse con temor, del temor han nacido grandes males. Por eso quiero despedirme con un fragmento de Mario Benedetti que desde que los conocí, lo cargo en mi pecho como un amuleto:

el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve

no me sirve tan fría
la osadía

si me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta
si me sirve.

EL POLEMISTA (Reinaldo Cedeño Pineda) dijo...

Amigo mío:

Las ideas, si son sinceras y auténticas, siempre arropan.

Alguien debía haber escrito: Opino, luego existo, aunque en realidad esa es una de las verdades no explicitadas: todo el mundo opina de algo alguna vez. Algo muy diferente es vivir de la opinión, o practicarla como parte de tu trabajo o tu forma de ser.

Llevo diecisiete años tratando de ejercer el periodismo con sinceridad y tengo una infinidad de anécdotas de todo tipo cuando la ha ejercido: he ganado amigos y enemigos, admiradores y detractores…pero más de una vez lo he dicho, no se puede esperar una postal de felicitación cuando se ejerce un criterio. Hay que saber que habrá réplica y habrá que prepararse para la contrarréplica.

Tengo ejemplos recientes que aquellos que se han llegado a mi blog pueden ver, pero ese mismo camino me ha demostrado que nos falta mucho para aprender a discrepar con respeto, nos falta calma para rechazar la opinión ajena sin tomarlo como algo personal, sin apabullar al otro y a veces hasta sin ladrar.

Las opiniones se construyen con ideas, no con rabietas ni ladridos. Opinar es construir. Tengo una amiga poeta que me ha dicho que los que te atacan te construyen porque te hacen saltar cada vez más alto. Creo que hasta de las opiniones completamente opuestas pueden sacarse útiles filones: o te reafirma en lo que crees, o te da oportunidad de pensar que tu pensamiento puede ser muy absoluto, o tal vez muy cerrado, y de esa manera te mejora.

El caso de la crítica artística y literaria exige una gran dosis argumental. La apreciación del arte tiene el nivel primario del gusto, pero también necesita un repertorio técnico sobre lo que se cuestiona y un nivel de representación emocional, simbólico en el que necesariamente interviene la subjetividad. Sin subjetividades no hay opinión, pero estas han de apegarse al equilibrio, eje esenciadísimo de la opinión, su piedra de toque.

En La isla y la espina he experimentado y pretendo seguir haciéndolo, alrededor de diferentes temas. Uno de los más fructíferos ha resultado el tema alrededor de: “Los medios masivos y la diversidad sexual”. Te agradezco tus juicios sinceros. Martí dijo:: “Sólo es tremendo lo oculto”. Lo creo. Opinar es ser responsable, no echar a rodar una bola de nieve. Creo que me has embullado a tratar este tema en el blog, en el que acepto cualquier opinión siempre que sea esta respetuosa y no un comadreo de batea, ni un aletazo escudado bajo el anonimato. Hay que tener valor para opinar con el nombre propio, me gana respeto quien lo hace.

Ese respeto del que hablo no debe confundirse con temor, del temor han nacido grandes males. Por eso quiero despedirme con un fragmento de Mario Benedetti que desde que los conocí, lo cargo en mi pecho como un amuleto:

el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve

no me sirve tan fría
la osadía

si me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta
si me sirve.

Anónimo dijo...

I inclination not concur on it. I assume precise post. Particularly the designation attracted me to be familiar with the whole story.