jueves, 14 de agosto de 2008

SAGUA LA GRANDE: NOSTALGIA POR LOS TRANVÍAS QUE NO TUVIMOS

Los habitantes de Cienfuegos no parecen fijarse mucho en los rieles que subsisten en algunas de sus más desgastadas calles. En Camagüey se han tomado las cosas más en serio. Una valla hace referencia al valor patrimonial de la calle Independencia, la única de la ciudad que exhibe -entre otras singularidades- los vestigios de un ferrocarril urbano que, dicho sea de paso, vivió pocos años de bonanza antes de su desaparición a mediados del pasado siglo.

Pero Sagua la Grande ni siquiera conserva rieles provocadores de nostalgia. Aquí ni siquiera hubo tranvías. Hasta Cárdenas, una ciudad con signos de desarrollo que fueron bastante similares a los nuestros, tuvo los suyos. De haber llegado el ferrocarril urbano a la Villa del Undoso, probablemente no hubiera sido “El Triunfo” el único gran puente; debido a la necesidad de transportarse de los vecinos del barrio San Juan y otras áreas al otro lado del río Sagua la Grande.


Los hijos de esta villa debieron ingeniárselas con otros medios. Hasta andariveles hubo con el objetivo de cruzar de un extremo a otro del río. Prestaron servicios sobre todo antes de la construcción del llamado Puente Militar, antecesor de El Triunfo. El más antiguo servicio de transporte aún activo lo prestan los coches. Son varias las localidades cubanas que colocan a los carruajes entre sus símbolos. La nuestra no le ha erigido monumento alguno, pero no por ello son menos importantes. Notas recopiladas por el desaparecido periodista Tomás -Manino- Aguilera Hernández refieren que los primeros coches tenían la modalidad de volanta. José María Beriguistaín, Carlos Alfert y Manuel Gutiérrez Quirós, todos acaudalados hombres de negocios, fueron los primeros propietarios de coches en Sagua.

Se supone que el carruaje actual, de origen europeo, llegó a esta comarca en la penúltima década del siglo XIX. Consta de cuatro plazas, aunque es más pequeño que el de Cárdenas, el de Bayamo y otras urbes donde subsiste el pintoresco medio de transporte.

…..Y llegaron las bici

Quienes no pudieran o no desearan disponer de coches para moverse dentro de la ciudad, podían hacerse de una bicicleta. Fue esta localidad una de las pioneras en la introducción de ciclos en Cuba. Gastados ejemplares del periódico La Patria exhiben los anuncios de venta de bicicletas a fines del siglo XIX. No se sabe bien por qué se le tomó tanto aprecio a los ciclos, a tal punto que han inspirado a poetas y trovadores. Sí es cierto que las condiciones topográficas de Sagua eran muy favorables para la circulación del vehículo de dos ruedas. Los había de diversas marcas, casi todas de fabricación norteamericana y proliferaban los talleres de reparación.

Con los coches y las bicicletas convivieron primitivos automóviles Ford, Callidad, Oakland y Odsmobille. Luego que el doctor Tomás Hernández tuviera la idea de traer primero, los carros conquistaron vertiginosamente nuestras anchas calzadas. La “invasión” comenzó a principios de la pasada centuria y ya en 1910 era posible encontrarse un taller o “garage” tan bueno como el de Ernesto Laya, en la esquina de las calles Méndez Capote y General Lee. El magazín del periódico “La Lucha”, en 1926 lo anuncia así:

Estación de servicios y taller de reparaciones con una venta de cerca de cien carros anuales. El señor Laya y Sierra atiende el negocio personalmente; su profesión de mecánico lo capacita para realizar esta labor.

Si nos dejamos llevar por la estadística de “La Lucha”, debió crecer rápidamente el número de autos en Sagua, si sólo Ernesto Laya vendía un centenar por año. Carros que en muchos casos se destinaban a servicios de alquiler. Enrique Núñez Rodríguez, en el libro “A guasa a garsín”, recuerda sus viajes de Quemado de Güines a Sagua en una máquina que los estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza bautizaron como “El lanchón”. Cualquier artefacto que se moviera por aquella carretera, donde había más agua que pavimento, podía ganar un apelativo marítimo.

Los primeros ómnibus urbanos


En los tiempos juveniles de Enrique Núñez Rodríguez apenas había ómnibus por estos contornos. La guaguas se impusieron en los años cuarenta y fue por entonces también que un conocido empresario de apellido Prieto echó a rodar las primeras en el entorno citadino. Nacía el servicio de ómnibus urbanos de Sagua la Grande, cuyas principales rutas solían conectar a zonas periféricas como las de Resulta y Cocosolo. Varias décadas después, en los ochenta funcionó el mayor número de rutas de todos los tiempos: seis, con nueve destinos: Cooperativa 26 de Julio, Bujías, Jumagua, Calderas, Hospital, Matadero, Acopio, Delta y Finalet.

En los últimos años los sagüeros nos hemos visto obligados a buscar alternativas una vez más. Los ciclos dieron paso a esa especie de híbrido criollo que son los bicitaxis, una bendición para los residentes en áreas alejadas del centro como el Reparto 26 de Julio. Coexisten con los coches, las pachangas; otra invención ideada para transportar mayor número de pasajeros. También les llaman planchas a estos vehículos de tracción animal con asientos laterales y capacidad para unas ocho o diez personas.

No se sabe bien qué medio es más cómodo: si el legendarios coche, el ágil bicitaxis o las “modernas” pachangas. No hay mucho tiempo para pensar en eso. El mejor es el que primero aparezca y el que cobre más barato, por supuesto. Lo importante es llegar pronto al destino trazado. Es posible que durante el trayecto, mientras los atribulados pasajeros roguemos porque no se nos descomponga un hueso entre bache y bache en Villalegre, o cruzando los pasos a nivel de la Calzada de Oña, tengamos tiempo de soñar con los cómodos taxis ruteros de que dispone mi amigo Reynaldo Cedeño en Santiago de Cuba o, para no ser demasiado exigente, con algún humilde, sencillo tranvía del siglo pasado; no importa si como los que había en Cienfuegos, en Cárdenas, o en Camagüey.