lunes, 18 de enero de 2010

HAITÍ: SIN PREGUNTAR POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS

Erwin Salazar Sánchez es un joven médico que se especializa como cirujano en el hospital general de Moa. Es mi amigo. Nos comunicábamos asiduamente por correo electrónico hasta el pasado miércoles 13 de enero.

Hola Adrián:

Lamento mucho no poder escribirte más al menos por ahora...

Pensé que había confrontado problemas con la computadora o con la conexión…

....Salgo para la Habana mañana y luego para Haití en la brigada que prestará ayuda....te escribiré...Hasta pronto.

Un abrazo

Er……………….

Edwin integró la primera brigada de galenos cubanos que se fue a mitigar el dolor en la tierra de Mackandal. Pese a la promesa de volver a escribir, comprendo por qué no lo ha hecho. Supongo que no tendrá si quiera la oportunidad de leer este mensaje. De acuerdo con despachos de periodísticos, los doctores cubanos laboran unas 18 horas diarias.

Primero fueron los huracanes; ahora, un terremoto. ¡No podía haber sido más cruel la naturaleza! Los datos sobre Haití antes de la nueva catástrofe ya eran sobrecogedores: la esperanza de vida apenas sobrepasa los cincuenta años, es el país más pobre del hemisferio occidental… Paradoja del destino con la primera tierra que se zafó del yugo colonial al sur del río Bravo.

Ando con el corazón desecho por las imágenes de la tragedia haitiana que me llegan a través de la pantalla del televisor, o del ordenador. Aunque dicen que el sensacionalismo de la televisión capitalista es comparado con lo que se percibe allí en vivo y en directo.

Por estos resuenan en mis oídos los lamentos de Marta Jean-Claude implorando el bien divino para el pueblo que la artista nos hizo admirar. Cuba entera ha vuelto su mirada hacia el cercano vecino y lo abraza. Somos unos cuantos los que por dispuestos a viajar a Haití, al menos para levantar las piedras de las edificaciones que trochan vidas. Pero los imprescindibles ahora son los médicos. Y allí están mi amigo Erwin y muchos otros, despabilando corazones, desafiando a la propia tierra que insiste en sacudirse bajo el suelo de Puerto Príncipe, sin preguntar por quién doblan las campanas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En Haití no queremos maricones, los gansos para el UMAP

Adrián Quintero Marrero dijo...

Le agradezco que me lea, aunque su comentario resulte tan limitado. Pudiera retirarlo, como dueño que soy del blog, pero si es absurdo dejarlo, más aún resulta que pierda mi tiempo quitarlo.
Sólo lamentaría que termine dañada la persona a la que aludo en el texto, pero espero que pueda crecerse y no dejarse molestar.
Yo sólo deslizo consideraciones mínimas: Si bien podrá encontrar en mi blog entradas sobre diversidad sexual o temática semejantes, esta no tenía que ver con el asunto. No era mi intención sacar a la luz ningún detalle personal privado en esta entrada. Si usted es tan suspicaz como para descubrirlo, debiera también recordar cómo a los campos de exterminio promovidos por el nazismo, fueron a parar –además de judíos- muchos “maricones”.
Hoy Haití está tan devastado como los pueblos arrasados en la Segunda Guerra Mundial y recibe la ayuda de todas partes, sin que a nadie le preocupen sus preferencias sexuales. El mundo no puede prescindir de nadie por sus preferencias sexuales cuando de hacer una obra noble se trate, porque la nobleza está a punto de extinguirse en este mundo, donde pululan muchos neofascistas, como usted, que después de todo es hasta cobarde, pues ni su firma deja.