jueves, 11 de junio de 2009

RADIO ENCICLOPEDIA EN TODOS LOS MOMENTOS DE LA VIDA

Siempre me ha parecido que en un país que cuenta con un patrimonio sonoro tan abarcador, como el nuestro, las emisoras de radio debían distinguirse más por la música que difunden.

Usted se mueve de un lado a otro de la Isla y escucha los mismos discos, como si las preferencias de las oyentes fueran homogéneas, como si estuviera sintonizando la misma planta.

Es cierto que nuestros medios de difusión deben intereses muy diversos y casi siempre son los programas los que se especializan en la promoción de un género u otro.

No obstante, hay dos emisoras cuyo modo de hacer está signado por la música que ofrecen: CMBF y Radio Enciclopedia. Es justo de esta última a la que quiero dedicar mi comentario.

Fundada en el año mil 962, Enciclopedia ha modificado bastante el formato de de su programación, el alcance, el estilo de locución y hasta la sede de sus estudios. Pero desde entonces ha difundido música instrumental denominada menos compleja que la presentada por su homologa CMBF. Pero prefiero omitir los apelativos de “ligera” o “popular” para esta zona de la creación.

La emisora, efectivamente, no llega a trasmitir una sinfonía completa de Beethoven o un concierto de Bach. Pero, sin excluir a esos compositores, suele presentar grabaciones de José María Vitier, Chucho Valdés, José Luís Cortés o Ernesto Lecuona…Y quién va a negar la importancia de esos artistas.

No le quepa la menor duda que Enciclopedia ha apelado por la variedad en sus guiones musicales y las grabaciones que presenta están muy lejos de ser consideradas un simple relleno o “música para dormir”…Como expresa el slogan principal de la planta, se trata de una emisora para todos los momentos de la vida.

Es importante señalar el perfeccionamiento experimentado por la tira de programación en los últimos años. Sin traicionar sus esencias, Enciclopedia ofrece hoy en día programas de información cultural, como “Hola Aurora” –de siete a nueve de la mañana- y el multipremiado divulgativo de ciencia, tecnología y medio ambiente “Gotas del saber”; que se han sumado a los tradicionales segmentos de “Álbum de melodías”, “Media hora con su intérprete” e “Interludio”.

Es apreciable el nivel de precisión en el trabajo de los sonidistas. Difícilmente hallará usted una mácula en los programas grabados o en los que se trasmiten en vivo.

Entre los méritos de la emisora merece destaque el haber consolidado un estilo de locución propio, en lo cual han influido voces como las de María Cecilia Lima, Katy Rodríguez, Mirta Aleida Fernández y Haizel Andreu.

La presencia exclusiva de féminas ante los micrófonos, el tono conversacional, las anticadencias en la lectura y los timbres graves, han contribuido a definir un modo de hacer que, en mi opinión, la emisora tiene el deber de preservar. De ahí que le sugiera a su colectivo ser mucho más cuidadoso con la selección de nuevas voces, pues algunas de ellas pudieran desvirtuar lo que considero sello distintivo de Radio Enciclopedia.

De igual modo, es importante proseguir con el perfeccionamiento de los objetivos de cada programa. Sin eludir el hecho de que la difusión musical es su función principal de la estación, se nota que están muy cercanas en la tira, propuestas con perfiles semejantes, como “Interludio” y “Cita en Enciclopedia”.

No cabe dudas de que esta emisora singular, tal y como reza otro de sus slogan, seguirá trabajando por una radio de excelencia.

sábado, 16 de mayo de 2009

A propósito del Día Mundial de Lucha Contra la Homofobia: NI MANZANA DE LA DISCORDIA, NI PAPA PODRIDA

El silencio y la esperanza (Servando Cabrera Moreno, 1981)
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Pondré el parche para evitar goteras. Lo que voy a contar pudiera no constituir generalidad o norma en el contexto cubano. Pero baste con que afecte a un solo ciudadano para que constituya preocupación en una sociedad que tiene por principio básico la dignidad plena del hombre.
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De cualquier manera, este es un blog personal y todo cuanto aquí se expresa constituye responsabilidad exclusiva del autor.
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Lesbián es el nombre de un joven camagüeyano, tecnólogo de la salud graduado del Instituto Superior de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay hace dos años.
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Lesbián permaneció detenido en la Primera Estación de la Policía, en la calle Avellaneda, durante 24 horas; desde la noche del pasado tres de marzo de 2009.
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No piense el lector que cometió algún delito. De acuerdo con el texto del acta de advertencia que debió firmar al abandonar la estación, sencillamente "frecuentaba un lugar propicio para la comisión de delitos".
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¿Qué aspectos definen a un lugar como propicio para la actividad delictiva? ¿Existe algún principio jurídico para determinar tal cosa?
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¿Por qué, generalmente, los sitios de encuentro gays reciben estos calificativos?
Al estudiar las características de este tipo de lugares, es preciso tener en cuenta toda una serie de elementos de índole sociológica. Ya en otras entradas de este mismo blog me dedicaba a describir cómo funcionan.
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Pudiera pensarse que en un país que ha luchado a brazo partido por eliminar el proxenetismo, la prostitución y otras prácticas nada edificantes, tampoco tienen por qué proliferar espacios para encuentros fortuitos.
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Sería mucho más civilizado aspirar a que a los hombres y las mujeres, independientemente de sus preferencias sexuales, asumieran el sexo como una manifestación exclusiva del amor. Pero, obviamente, la policía no realiza detenciones en estos sitios en defensa del amor. Tales preocupaciones en todo caso deben integrarse a la agenda de los psicólogos y sociólogos.
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También las parejas heterosexuales, por diversos motivos, suelen ampararse en la oscuridad para "aparearse". Sin embargo, no conozco de ningún caso de detención por ello.
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Los sitios de encuentro perdurarán, no sólo porque el amor no constituye norma en las relaciones sexuales de muchos individuos, sino por otras razones harto complejas, como:
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-La inexistencia de espacios legítimos que favorezcan el encuentro de los homosexuales, como discotecas, bares, etcétera. (La existencia del Centro de Promoción Cultural "El Mejunje", de Santa Clara, con una o dos noches a la semana donde prolifera el público gay, constituye una rareza; además no sólo debemos aspirar a que exista UN espacio, sino a una diversidad de espacios).
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-La imposibilidad de acceder a hoteles, moteles, u otras instalaciones donde puedan sostener relaciones sexuales los gays.
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-El rechazo social y familiar a los hombres que tienen sexo con otros hombres.
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El protagonista de nuestra historia fue detenido por agentes vestidos de civil en las inmediaciones de la terminal Ferro-Ómnibus. No le dijeron mucho, ni a él, ni al joven que lo acompañaba. Sencillamente: "Arréglense la ropa y vengan"…
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En la estación tampoco se les habló mucho. Apenas hubo algún comentario irónico sobre sus preferencias sexuales. Y, 24 horas después, el acta de advertencia…
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Llama la atención el siguiente detalle: El muchacho que acompañaba a Lesbián, le pidió que no hiciera alusión al vínculo que existía entre ambas. Estaba casado y no le convenía.
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La principal razón que suelen argüir las autoridades policiales para detener a los homosexuales en los sitios de encuentro más frecuentados, está relacionada con el hecho de que en estos espacios suelen cometerse hechos delictivos. Aún cuando me consta que la mayoría de los gays no son delincuentes, de acuerdo con la policía, ellos son algo así como la manzana de discordia.
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Es cuanto menos ingenuo creer que la eliminación de los maricones en el Casino Campestre, en el Ferro, o en cualquier otro sitio de Cuba, contribuirá a la disminución de los hechos delictivos.
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La humillación que sufrieron Lesbián y otras personas constituye una deliberaba manifestación de homofobia, de la cual no sólo es responsable la policía (a la que lo queda más remedio que combatir y el delito), sino toda la sociedad que tradicionalmente ha cerrado los ojos ante las necesidades de los homosexuales.
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Sólo puedo criticar de su conducta, al responder de manera desmedida a los instintos…Pero eso no constituye una figura delictiva. Si lo fuera, muchos fuéramos –de diversa preferencia sexual- seríamos convictos.
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El camino en aras de conquistar la verdadera aceptación de los homosexuales sigue siendo largo y empedrado. Pero debe quedar claro, de una vez y por todas, que no somos la manzana de la discordia, ni mucho menos la papa podrida que se debe extirpar de determinados espacios públicos.
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jueves, 7 de mayo de 2009

Volver al Camagüey


Camagüey es especialmente culpable de mi ausencia. Pero tuve que ir...

Dos años son suficientes para sentir nostalgia por la suave comarca de pastores y sombreros.

Pese a que los lugareños tuvieron su ciclón en 2008, la imagen de los sitios emblemáticos de la urbe, es agradable. En casos como el de la Plaza de los Trabajadores, frente al templo de Nuestra Señora de la Merced, se aprecian aires renovados, con macetas y luminarias acordes con el aspecto general del conjunto.

Menos suerte ha tenido, lamentablemente, la estación, centro de uno de los nudos ferroviarios más importantes de la Isla.

Languidece el paradero de los Consolidados. El extenso andén adosado a la pared art decó, está a punto de desplomarse. Camagüey se haya en deuda con su tradición ferroviaria. Los visitantes que arriben en tren, merecen un mejor recibimiento.

A propósito de viajeros, por ferrocarril llegó al Camagüey durante una madrugada de 1928 Jorge Mañach Robato. El sagüero contaría cómo después que “el tren se “detuvo enfáticamente en una estación extraordinaria, un muchacho cargó como un corzo con la maleta al hombro del lado opuesto del andén”.

Nuestro coterráneo se hospedó en el hotel Camagüey, antes que existiera el Museo Provincial Ignacio Agramonte en el mismo local de la Vigía. Lo describe como un vasto edificio amarillento que fue cuartel de caballería española.


A Camagüey le debo no pocas vivencias; algunas menos edificantes que otras, todas importantes. Regresar invita a escribir, pero se desluce mi pluma ante la prosa de Mañach. Prefiero reproducir otros fragmentos de esta poco divulgada crónica:

Camagüey es una mezcla bizantina de barroco, rococó y renacimiento modernista: ornamentos floridos y geométricos, dinteles especulativos, cenefas y frisos fantásticos, truncas pilastras, efectos de espiral y serpentina en lo alto, problemáticos aleros; o bien a lo largo de las azoteas, florones, ánforas y antorchas. El art nouveau trasladado a nuestro bravo e ingenuo Camagüey.

De vez en cuando, sin embargo, se aparta el forastero de las calles ambiciosas, perdiéndose entre las menudas, enlodadas, humildes callejas; donde surgen los techos de encendida teja con las famosas ventas de palo, que fingen miradores, por la manera amplia y saliente como las cobijas en el exterior sus espesos enrejados de madera. Parece que, mirando al través de ellos, se ha atisbar, dentro, un hidalgo con bonete, una panoplia roñosa y un lebrel. .

Camagüey, son tus encantos tradicionales los que conquistan y retienen al forastero, aún sin que tengas que darle a beber, según tu bruja conseja, agua de tinajón “con gusarapo”.

lunes, 23 de marzo de 2009

MEDIO SIGLO DE CINE REVOLUCIONARIO EN CUBA. PARA MIRAR MÁS LEJOS


Por estos días he pensado en algo que pudiéramos conceptualizar como orgullo nacional. No se trata precisamente de los aspectos esenciales que definen la existencia de la nación. Sino de otros aparentemente menos trascendentales.

El propio desempeño del equipo nacional de béisbol en el Clásico, devino asunto casi de trascendencia política, entre otras cosas, porque nuestros adversarios les dieron ese matiz antes que nosotros mismos.

Los criollos podemos sentir pleno orgullo de nuestros logros en el deporte, y también en la cultura. Tenemos una de las compañías de ballet clásico más importantes del mundo, en una nación donde apenas se practicaba este tipo de manifestación.

No podemos decir exactamente lo mismo de la industria cinematográfica; entre otras cosas, porque para hacer cine se precisa de mucho más dinero incluso que para la danza.

Sin embargo, no habrá que conformarse con aquello de que “nuestro vino es amargo…”. Es justo expresar que no fue hasta después del triunfo revolucionario que tuvimos una cinematografía verdaderamente cubana.

Apenas nos colamos en los grandes festivales: en los Oscar o en Cannes; pero ahora que se acerca el aniversario cincuenta del ICAIC habría que brindar por haber tenido aquí a un grupo de cineastas que, lejos de dejarse seducir por las alfombras y el oropel, decidieron hacer películas que sirvieran para entretener –como es lógico- y también para pensar, y pensar de manera crítica.

Es loable el empeño del joven gobierno revolucionario de dictar una ley –la primera en materia cultural- que favoreciera la creación fílmica a partir del 24 de marzo de 1959. Pero como era de esperarse de los más nobles empeños de este proceso único que vivimos los cubanos, el ICAIC también fue la voz de la conciencia colectiva.

No fue mero instrumento de propaganda. Sus obras, además de valores artísticos apreciados internacionalmente, ofrecen -de acuerdo con el término usado por Julio García Espinosa- una visión “incómoda” del entorno.

Eso justamente era lo que hacía falta: una Revolución dentro de la Revolución.
Con su inteligente mirada, el ya mencionado García Espinosa, Alfredo Guevara, Santiago Álvarez, Humberto Solás, Manuel Octavio Gómez, Fernando Pérez y, especialmente Tomás Gutiérrez Alea, nos propusieron mirar a Cuba y al mundo de otra manera.

Será ese el principal logro del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos: haber logrado hacer un cine eminentemente nacional con atisbos universales.

Y para salvar eso deberán trabajar los cineastas que surjan. Será con nuevos códigos estéticos, bajo otros presupuestos, sorteando las dificultades que impone la crisis internacional a las cinematografías del Tercer Mundo. Pero sin perder la voluntad de hacer y hacer bien. Para que los cubanos sigamos teniendo motivos para enorgullecernos del cine nuestro cine.

domingo, 22 de marzo de 2009

Los dioses rotos


Aunque no tan evidentes como se quisiera, demuestra signos de crecimiento la producción de filmes en Cuba.

Claro, no todo es cuestión de cantidad. Al valorar “El cuerno de la abundancia”, aludíamos a cierta falta de originalidad en las historias y al débil comprometimiento con la realidad.

No es que demandemos del arte la solución de los problemas de la sociedad. Pero vale la pena tener en cuenta el precedente de cineastas cuya mirada crítica es imperecedera. Entiéndase Titón, o Humberto Solás, o Julio García Espinosa.

En “Los dioses..”, un director debutante en la pantalla grande, pero con bastantes aciertos –sobre todo como guionista- en la televisión y la radio: Ernesto Daranas, nos propone introducirnos en las zonas más oscuras de una Habana cuya fisonomía cambió mucho desde los tiempos del chulo Alberto Yarini, pero que conserva manchas difíciles de tapar, incluso con la Revolución.

Como puede leerse en el sitio web de la propia película, es una trama de valores enfrentados; una reflexión en torno a perspectiva ética y moral de un grupo de personajes -de todos los niveles socioculturales- entre quienes los clichés de “positivos” y “negativos” no son sencillos de etiquetar.

“Los dioses..” consigue incorporar al cine a un grupo de creadores que ya han demostrado su valía en la televisión y otros medios, como el director de fotografía Rigoberto Seranega y los músicos Magda Rosa Galván y Juan Antonio Leyva. Elogio aparte merece Eric Grass por lograr una dirección de arte impecable, pese al escaso presupuesto de que dispuso esta producción.

En mi opinión lo más interesante del filme de Daranas, es el tratamiento de lo marginal. Pero el director juega con un arma de doble filo, y pierde por la misma causa.

La historia privilegia más la descripción de ambientes, que la psicología de los personajes. Diría que, con excepción del de Rosendo, Daranas debió perfilar mejor los personajes. Pudo hasta haber eliminado algunos que –como por muy bien defendidos que estuvieron- NO se qué pintan en la trama.

“Los dioses rotos” intenta ser contemporánea, pero se torna víctima del referente de otra época. Al intentar establecer paralelos entre el Alberto de ahora y el de antes, los espectadores terminamos desconcertados.

La película trata de comprometerse con el presente y se torna inverosímil por culpa de algunas situaciones, como el afán de la protagonista de autentificar el supuesto pañuelo de Yarini y la existencia de un arma del chulo.

Mucho más inverosímil es que una empresaria capitalista venda sus negocios en nuestro país como si se tratara de una caja de bombones. ¿Estamos en la Cuba de hoy o no?

“Los dioses..” es un buen intento y no dudo que Ernesto Daranas consiga llegar muy lejos en sus futuras propuestas. Pero por lo pronto habrá que esperar.

sábado, 21 de marzo de 2009

El cuerno de la abundancia

Todavía la gente está buscando alguna copia de “El cuerno de la abundancia”. A la alternativa de ver la película en la sala oscura, se suman los discos y casetes ofertados por las videotecas estatales o particulares. Se corrobora el interés de los cubanos por su cine.

La cultura la que sale ganando y vendría bien que el ICAIC
–próximo a cumplir medio siglo- tratara de distribuir mayor número de copias de sus producciones, tanto las nuevas como las antológicas. Sería una buena forma de hacer frente a la tenaz competencia de tantas telenovelas, mini novelas, serie y películas de tercera que se pasan de mano por ahí.
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Con “El cuerno de la abundancia” merece la pena aplaudir la vuelta de uno de nuestros cineastas más experimentados. Juan Carlos Tabío alcanzó gran éxito desde sus primeras comedias en los años ochenta y fue escogido por Tomás Gutiérrez Alea para compartir la dirección de “Guantanamera” y “Fresa y chocolate” cuando ya la salud comenzaba a jugar malas pasadas a Titón.

Probablemente Tabío sea hoy por hoy el mejor conocedor de los mecanismos que despiertan alegrías en los cinéfilos cubanos. “El cuerno de la evidencia” evidencia el pulso narrativo de un cineasta que sabe dónde colocar cada cosa para contar bien la historia.

Sin embargo, a mí –en ocasiones- “El cuerno de la abundancia” me parece más patética que cómica. El hecho de que las casas despintadas, el pobre almuerzo de un comedor obrero y las penurias de nuestros compatriotas, vuelvan a ser el ingrediente de un filme, me llena de preocupación. ¿Será que no tenemos otra cosa que contar en esta isla del Caribe?

No es que quite mérito al choteo integrado desde siempre a nuestra cultura. Tampoco creo que el cine deba ignorar las contradicciones de los tiempos actuales. El problema está en el tratamiento.
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“El cuerno…” basa su argumento en la posibilidad que creen tener varias familias de un pueblo imaginario, de conseguir una herencia que les cambie la vida. El final es previsible: El dinero nunca aparece. Las tragedias familiares prosiguen. Y el protagonista tiene claro –de acuerdo con el propio texto- que “debe seguir pedaleando”.

Para completar los ingredientes de una película “a la cubana”, lista para ser adquirida en lejanos parajes, no faltan los pechos de una hermosa trigueña y algún escenita de sexo.

Infiero que las exigencias de productores extranjeros contribuyeron a atenuar la profundidad en el tratamiento de los temas de “El cuerno de la abundancia”. Otra vez era preciso mostrar imágenes de viejos autos americanos, de bicicletas y de penurias tercermundistas.