Todavía Sagua recuerda la leyenda de
Blog de Adrián Quintero, desde Sagua la Grande. Para promover el pensamiento inteligente. aries76@emaildiario.zzn.com
miércoles, 20 de enero de 2010
LA LAGUNA DE HOYUELOS
lunes, 18 de enero de 2010
HAITÍ: SIN PREGUNTAR POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS
Hola Adrián:
Lamento mucho no poder escribirte más al menos por ahora...
Pensé que había confrontado problemas con la computadora o con la conexión…
....Salgo para
Un abrazo
Er……………….
Edwin integró la primera brigada de galenos cubanos que se fue a mitigar el dolor en la tierra de Mackandal. Pese a la promesa de volver a escribir, comprendo por qué no lo ha hecho. Supongo que no tendrá si quiera la oportunidad de leer este mensaje. De acuerdo con despachos de periodísticos, los doctores cubanos laboran unas 18 horas diarias.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Rogelio Castillo, un hombre bueno al pie del micrófono
No crea usted que podrá toparse fácilmente con un Premio Nacional de Radio en Cuba, mucho menos fuera de la capital; persisten los prejuicios que impiden advertir al talento más acá del túnel. Pero la causa fundamental por la que los agraciados no aparecen por ahí como la verdolaga, está relacionada esencialmente con la cantidad de buenos radialistas que abundan en un medio cuya calidad ha sido bien estable desde el surgimiento de su versión criolla en 1922.
Sagua la Grande puede enorgullecerse por tener entre sus hijos a un Premio Nacional de la Radio. Para integrarse al medio, debió abandonar la ciudad a fines de la década del sesenta; entonces no funcionaba emisora alguna en la Villa del Undoso. Pero Rogelio Castillo Moreno no ha olvidado el hogar natal, en la céntrica calle Céspedes. Cursó los primeros estudios en escuelas públicas sagüeras y a, aunque era un adolescente en los años cincuenta, apoyó la lucha revolucionaria que gestó acontecimientos tan importantes como la Huelga del 9 de Abril.
Luego del triunfo del primero de enero de 1959 se integró a las Patrullas Juveniles. Sobreponiéndose a limitaciones físicas, participó en la Limpia del Escambray y fue fundador del Batallón 338 de las Milicias Nacionales Revolucionarias. Posteriormente se incorporó a la Campaña de Alfabetización en San Agustín de Iguará y en la División de tanques de Boniato, Oriente.
Tras obtener una beca para formarse como técnico de la aviación de la fuerza área revolucionaria, permaneció en Ciudad Libertad. Aunque por entonces descubrió su vocación artística y prefirió vincularse como aficionado a una compañía de teatro capitalina, a la par que trabajó como obrero en una empresa textil. Regresó a Sagua en el año 1965. Gracias a las enseñanzas del destacado escritor y teatrista Ramón Rodríguez Infante, se formó como instructor y creó un grupo de aficionados. Por los resultados de su trabajo, se le nombró delegado de Cultura primero en Sitiecito y luego en Sagua. Conjuntamente con figuras como Manolo Fernández y José Ramón Núñez, se convirtió en un destacado promotor cultural. Trabajó en la biblioteca Raúl Cerero Bonilla y fue fundador de los talleres literarios, donde dio a conocer sus primeras creaciones para niños impulsado por figuras como Onelio Jorge Cardoso; al mismo tiempo que inició su formación como guionista de programas radiales.
En el año 1970 fue invitado a escribir programas infantiles para el entonces recién fundado Cuadro Dramático de la emisora provincial CMHW. Debido a la escasez de personal, también asumió la dirección de su primer proyecto: “Canta, ríe y cuenta”. Sin perder vínculos con el mundo de las tablas, se integró al Centro Experimental de Teatro de Santa Clara, que dio a conocer su obra “El porrón maravilloso”, considerada un clásico de la escena para niños en Cuba.
Castillo ostenta el Primer Nivel como actor y director de programas. Pertenece a la Comisión Territorial de evaluación de Directores de Radio y a la Comisión Nacional de Evaluación de Actores del Consejo de las Artes Escénicas. Con cerca de 40 años en la radio, ha recibido numerosos lauros; resaltan los premios Caracol otorgados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y los grandes premios del Festival Nacional de la radio, adjudicados a sus principales aportes a la radio: los programas “Chirrín chirrán” y “Pañoleta azul”.
En 1992 recibió la Distinción por la Cultura Nacional. Posee, además, la Medalla Conmemorativa 25 Años del ICRT y ocupa la presidencia del de la Filial de Cine, Radio y Televisión en la UNEAC de Villa Clara. Actualmente continúa dirigiendo y escribiendo “Pañoleta azul”, espacio insigne de la CMHW. Aunque nuestro coterráneo ha recorrido prácticamente toda la programación del Cuadro Dramático de la CMHW, incluso fue su jefe por varios años. Actualmente también dirige el espacio de “La novela inolvidable”, otro aporte suyo a la radio de Santa Clara.
Como director artístico ha tenido a su cargo la realización de galas memorables, como la efectuada en Sagua la Grande para conmemorar la efeméride del 9 de abril en 1988.
El pasado mes de septiembre se le entregó el Premio Nacional de la Radio, máxima distinción otorgada por el ICRT a los artistas de la radio. Entonces, confesó al Sistema Informativo de la Televisión Cubana sentirse realizado y apuntó que en lo que respecta a radioteatros, cuentos y novelas, prácticamente lo ha hecho todo, pues en sus cuarenta años ha podido ofrecer al público las principales obras de los clásicos y de los autores contemporáneos.
Pero sin imposible hablar de tan contundente currículo artístico sin consignar que este se halla escoltado por valores humanos excepcionales. Rogelio Castillo es un hombre bueno. Tal cualidad se disemina entre los miembros de una familia vinculada también al arte: su esposa, Teresita Riverón, lo ha respaldado como asesora en numerosos proyectos y el hijo mayor, Kiusler Castillo, ya es un reconocido actor y locutor.
Lo decía, es difícil toparse con un Premio Nacional de la Radio, pero si logra encontrarse con el sagüero Rogelio Castillo Moreno, aunque no se lo hayan presentado, no dude en acércasele. Él estará presto a ofrecerle su diestra en señal de agradecimiento, o como anticipo de lo que pudiera ser una gran amistad.
domingo, 20 de diciembre de 2009
CON LA MUSICALÍSIMA EN SAGUA
Beatriz, “La musicalísima”, como se le conoce desde hace mucho tiempo, es una de las pocas cancioneras de su generación que ha logrado mantenerse activa. Otras, por escasez de talento o sencillamente porque quisieron probar suerte en tierras lejanas, permanecen en el olvido.
Por cosas del azar, tuve la suerte de valorar junto a ella las obras presentadas al concurso. ¡Yo en un jurado de composición presidido por La musicalísima! No ponga en duda el lector que la intérprete de “Pólvora mojada” y “Espontáneamente”, posee una sólida formación artística, suficiente para valorar el ejercicio creativo y para hilvanar una amena descarga ante cerca de setecientas personas, como sucedió la noche del pasado jueves diez de diciembre. Pero no imaginaba siquiera ella que encontraría a un partener tan apropiado en la Villa del Undoso.
Aunque inusitados trastornos de la presión arterial intentaron fastidiar la estancia de Beatriz Márquez este diciembre, los sagüeros –acostumbrados como han estado ha recibir a grandes artistas en sus predios- prodigaron más de una ovación a la artista, que no hace mucho, celebró sus cuarenta años de vida artística.
¡Jova, Jova, Jova…! gritaron los espectadores cuando la hija del compositor René Márquez solicitó la presencia de algún sagüero en el escenario, de alguien que quisiera acompañarla por unos minutos. Ricardo Jova, nervioso sólo en el primer minuto, descargó de lo lindo en un tema que constituyó propuesta de Beatriz: “Obsesión”, de Pedro Flores. Y permaneció con ella más tiempo. Entonces la visitante volvió a tomar el piano y siguió la descarga unos minutos más.
Viste con sencillez y no hay derroche de altas notas en sus interpretaciones. Pero la afinación resulta perfecta. Deja espacio para la improvisación. Disfrutarla en el escenario constituye una suerte que los discos no logran traslucir. Beatriz no es temperamental como La Lupe, no es apasionada como Omara, no es tan profunda en sus interpretaciones como Elena. Un amigo de visita en Sagua este fin de año, nos dijo que ella es –en todo caso como Armando Manzanero. Pero Beatriz, aún con el piano delante, como el mejicano, es Beatriz y punto. El timbre conserva la lozanía de los años setenta, la afinación es perfecta.
lunes, 7 de diciembre de 2009
La luz como destino
Antonio Machín
La Villa del Undoso ha motivado no pocas creaciones artísticas desde el polémico acto fundacional del 8 de diciembre de 1812, o quizás desde antes. Porque seríamos ingenuos, o poco rigurosos, si intentáramos reseñar el devenir ciudad a partir de entonces.
Como el “pueblo indio mercedado a Alonso de Cepeda; fuente de materia prima: madera para el Arsenal de La Habana y vega de Don Juan Caballero”, la define en su biografía de Wifredo Lam, Antonio Núñez Jiménez.
Se apresuró el francés Federico Mihalé a entregarnos en el primer tercio del siglo XIX un grabado donde apenas se reconocen los contornos del Undoso, rodeados de bohíos. Sagua –aún no tanto “la grande”- es un caserío. Pero correría con suerte gracias la fertilidad de las tierras y a la fácil comunicación con el puerto de La Boca (hoy Isabela); primero a través del río, luego por ferrocarril.
“El escritor que alguna vez redacte la historia de Sagua la Grande, tendrá que nombrarle con elogios”, vaticina Don Ramón de la Sagra en su “Historia económico-política, intelectual y moral de la Isla de Cuba”, aparecida en 1861.
El propio visitante, recibido aquí por “un anfitrión magnífico”: el teniente-gobernador Joaquín Fernández Casariego, elogia la prosperidad de la comarca y, al trasladarse hasta Isabela por el río, considera que “lo tortuoso del curso parece creado para multiplicar más y más las agradable sorpresas”.
En 1857, en el periódico “La alborada”, de Santa Clara, Esteban Pichardo publica su “Ligero paseo por Sagua la Grande” y describe la entrada del pueblo, no por donde lo hacemos hoy, sino a través del Desvío, cerca de la calle Real de Colón:
“Por una suave bajada y subida se cruza el río, que en las crecientes tiene su andaribel poco más arriba, e inmediatamente se presenta un grande y lúcido caserío, que nació ayer donde llamaban el Embarcadero y hoy se titula Sagua la Grande”. Entonces el río es “caudaloso, limpio y navegable”. Pichardo describe como expansión de vida “el olor a brea confundido por el de los azúcares y la vista de los mástiles y las embarcaciones”.
Durante el siglo XX no le faltarían descripciones enaltecedoras a la Villa del Undoso, incluso en el XXI. Fueron emocionantes las palabras de Pablo Armando Fernández al inaugurar una feria del libro en esta ciudad. “Sagua es la luz”, aseguraba el bardo.
También se enamoró de la Villa, Federico García Lorca. ¡Pudo haberse perdido también en Sagua! Aquí motivó el epíteto más audaz que jamás haya recibido: “Ipotrocasmo”. “¿Quién se ha atrevido a decir eso de los poetas contemporáneos?”, pregunta Emilio Roig de Leuchsering en un artículo publicado por la revista “Carteles”. El propio historiador aporta la respuesta: “Se llama Arturo Carnicer Torres. Vive en Sagua la Grande, casi, que así es de injusta la humanidad”.
Hasta los más íntimos detalles de la localidad han figurado en la letra impresa. Enrique Núñez Rodríguez se detiene en la descripción no sólo la del Instituto de Segunda Enseñanza y de las golosinas del café Fornos en la planta baja de este –en la esquina de las calles Carmen Ribalta y Martí. El escritor quemadense nos conduce con gracia a las inmediaciones del río, ya no para deleitarnos con el olor a brea de Pichardo, sino con la visión de una Sagua más oscura. Es necesario llegar a esta parte del libro “A guasa a garsín” para hallar las claves del título conferido a la obra póstuma de Núñez Rodríguez. Cámbiese el orden de las sílabas y sabrá el lector a que nos invitan. ¡También para eso es Sagua!
Pero la más hermosa crónica se la debemos a Jorge Mañach Robato. No porque haya nacido aquí, o quizá precisamente por eso. Advierte el agudo ensayista en sus “Glosas”, de 1926, que no está bien que los hijos juzguen a los padres; por eso se limitaría a describir las impresiones que su tierra natal la causaba. Sin embargo, no logra evadir la ironía tan cara a su estilo en un texto digno de las mejores antologías: “Las moscas hospitalarias”:
“Caen sobre vosotros con una ponderación que aterra. En vano ensayáis evadirlas: a la larga, pese a vuestros manoteos, sentirá la epidermis su choquecillo leve, viscoso y tibio (las moscas están como calientes de sol). Y os solicitan, os cercan, os rondan. Diríanse acreedores, o lacayos de casa encopetada. No pican jamás: son moscas paisanas, de una hospitalidad ejemplar”.
Pero es más tiernamente elogioso el autor de “Indagación al choteo” en otro pasaje. Mañach debió ser el primero que relacionó a “Sagua la máxima” con la luminosidad:
¡Qué nítida precisión la del caserío! ¡Qué deslumbramiento tropical en la retina! ¡Qué inexorable reverberación la de las calles blancas!...Es acaso la sensación más neta que se guarda de nuestra tierra: la luz.
De tal manera el arte ha perpetuado a Sagua la Grande, presente también en las canciones de Rodrigo Prats y Antonio Machín, y en el estilo geométrico del pintor José Ramón –Pepe- Núñez. Sagua la Grande, con inscripción de nacimiento que data de 1812; vetusta, pero todavía vital en su cumpleaños 197.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Conservan artistas del audiovisual de Villa Clara endémico "caracol"
Alguna vez han aflorado en mí prejuicios por los periodistas. No es que les reste importancia. Todo lo contrario. Aprecio su noble profesión. Pero la rutina y el intrusismo profesional se han enseñoreado en las redacciones, fundamentalmente en las de los órganos provinciales y municipales. Un auténtico practicante del radio periodismo podrá aspirar con toda dignidad a ser considerado un artista. Muchos recuerdan la historia de una radio más “romántica”, donde todos hacían de todo, porque sólo tenían acceso a los micrófonos los verdaderos talentos.
La más reciente edición del concurso Santa Mareare, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Villa Clara, legitimó el talento de un informativista que, poco a poco, con discreción, pero de modo certero, se ha abierto paso por los caminos de la realización radial. Hablo de Alexander Jiménez, quien junto al director de radio y televisión sagüero Yoel Rivero, obtuvo el Premio Manolín Álvarez Álvarez, otorgado por la UNEAC a jóvenes realizadores.
Alexander se inició como reportero en la emisora provincial de Villa Clara en los años noventa y, sin abandonar nunca el periodismo, se involucró en la dirección de diversos espacios, fundamentalmente informativos. Actualmente tiene a su cargo, entre otros, la emblemática Radiorevista W. (P) También está al frente de la redacción digital de esa plnata. En tanto Rivero Marín dedica sus principales afanes al telecentro municipal de Sagua la Grande, pero no ha dejado de colaborar con la radio, a la cual todavía entrega programas especiales y documentales.
Existen varios concursos alternativos del conocido Caracol, que organiza la Asociación de cine, radio y televisión de la UNEAC en la capital. Entre los certámenes de este tipo que han sobrevivido se encuentran los de Santiago de Cuba y Villa Clara. El del centro tiene una singularidad: No se denomina “Premio Caracol”, como en La Habana, u Oriente. Adoptó el de “Santa Mareare”, que es el nombre de una hermosa especie endémica del cayo del mismo nombre, al noroeste de Caibarién.
El “Santa Mareare”, cuya edición 16 tuvo efecto el pasado fin de semana en sus predios habituales de la Villa Blanca, reunió a creadores audiovisuales de ocho provincias y –como es usual- motivó el debate sobre diversos temas que nos preocupan en la radio y la televisión, como la importancia del trabajo de los guionistas y la locución.
Fue muy emotivo un encuentro “entre amigos”, donde los participantes evocaron al destacado radialista sagüero y fundador de este evento, Luís Agesta Hernández, fallecido hace unos meses.
El “Santa Mareare”, clausurado el sábado en el cine-teatro “América”, de Caibarién otorgó por primera vez el Premio Agesta a la Maestría Creadora. Atendiendo a la calidad del conjunto de obras presentadas al certamen, los miembros de los diversos jurados, resolvieron otorgar tal distinción al locutor de la CMHW Samuel Urquía. También por primera vez se entregó el Premio “Cubanicay”, para artistas de la televisión que han dedicado su vida a ese medio. Recayó en el realizador de Tele Cubanacán José Alberto Hernández Pacheco. En tanto, el ya tradicional galardón Roberto Rodríguez Frénez”, para creadores de la radio, rindió tributo al locutor Aramís González y al realizador de sonido Ventura Román, ambos de la Reina Radial del Centro.
Los sagüeros vinieron a casa varios premios en el concurso: Alexei Ruiz fue el mejor guionista de programas informativos gracias al noticiero “Noticias 16” y Adrián Quintero se alzó con el lauro de Mejor director de programas culturales por el radiodocumental “Vivir y sufrir por la radio”, realizado en conmemoración del aniversario 26 de Radio Sagua en abril pasado.
Una vez alzamos la voz a favor de la permanencia de este tipo de eventos, como imprescindible foro para el debate y la estimulación de los creadores de la radio, la televisión y el cine. Será el mejor homenaje que podamos tributar a nuestro entrañable colega Luís Agesta.
martes, 13 de octubre de 2009
Lázaro Sarmiento hizo la observación en su blog “Buena suerte viviendo”: ante la amenaza de la gripe de nombre raro, corremos el riesgo de perder una de las acciones que más nos han humanizado.
No sé cuándo surgieron los besos. Quiero imaginar que los reservados en Occidente para acompañar la pasión amorosa –los de la boca- debieron ser idea de los franceses. El arte los ha perpetuado desde siempre. Dicen que Consuelo Velázquez escribió el bolero “Bésame mucho” siendo tan jovencita, que no había experimentado la sensación que entraña besar.
No todos los besos son iguales, al menos eso creo yo. Nunca había contado que uno de los momentos más embarazosos de mis ingenuos tiempos de la Secundaria, ocurrió cuando una muchacha se empeñó en enseñarme a besar. La lección fue un fracaso. Creo que los estímulos cerebrales –como pudiera enmascararse científicamente a la pasión- valen más que cualquier técnica. Quien más ama, mejor besa.
No voy a referirme a aquello de que los besos ponen a funcionar un montón de músculos. Pero los besos salvan. Su ausencia, daña. Los protagonistas de la película “Brockeback Mountain” no estaban preparados para besarse. Largo peso el que la sociedad les imponía…No sabían besarse.
¿Con qué me quedaré luego de tantos encuentros fortuitos? Besos, besos, besos…Sería demasiado pretensioso esperar que la vida pueda premiarnos con el amor o la felicidad.
Hoy escribo tonterías. Pero no recibo sueldo por la efectividad de mis entradas y hago la confesión: Vivo huérfano de besos. No llegan siquiera de la Ciénaga de Zapata. Algo debe estar patas arriba en un mundo, donde hasta los besos comienzan a cobrarse en CUC.
De todas formas, el fin de semana consumí una cuota, algunos que hurté al destino. Besos efímeros –todos los son- que se escaparon como las aguas del azul buscando otras (rocas) bocas. Con el peligro de la influenza y el volumen de un vientre no adolescente, habrá que apurarse a agarrar algún beso. Aunque a la larga uno termine más solo que un perro, ¡beso dado es beso ganado!