miércoles, 1 de octubre de 2008

DIRECTORIO DE SITIOS DE ENCUENTRO GAYS EN CUBA (PRIMER INTENTO)

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Costa gay. Matanzas

La mayor parte de la costa frente a la bahía de Matanzas, desde Cabarroca hasta el Viaducto, es agreste y escarpada. El diente de perro se convierte en un obstáculo para aquel que desee disfrutar del hermoso paisaje que ofrece la Atenas de Cuba. Algunas pequeñas playas, como La Caridad y Yugoslavia (esta última nombrada así como recuerdo de los trabajadores de ese país que vivieron cerca del lugar) desafían a las rocas que están lejos de ser nobles arenas, como las del cercano Varadero.

Sin embargo, como en tantos empeños, la voluntad humana se impone. No son excursionistas los que frecuentan el litoral matancero. Desde alguna institución estatal se les definiría como hombres que tienen sexo con otros hombres. Hombres sin mujer para Carlos Montenegro. Lezama y Virgilio descubrirían alguna asociación lírica con alguno de sus personajes. El ingenio popular bautizó al lugar como “Costa gay”. Es el área de encuentro por excelencia en la tierra de Carilda. Decenas de personas lo visitan cada día. También en las noches. Intentan “desordenarse” bajo las caletas. Pero no siempre estas son tan frondosas como para impedir que se perciba alguna silueta desde los vehículos que transitan por la cercana autopista. Mas no existe en ellos ningún propósito exhibicionista. La actividad en Costa Gay puede resultar polémica.

La sexualidad en grupo y los “empates” de ocasión no son bien vistos por la mayoría de los cubanos. En cierta medida es por eso que proliferan estos sitios, muchas veces en la periferia de las ciudades. El de Matanzas gana muchos puntos en el Directorio, pues a pesar del diente de perro, el paisaje de la bahía es incomparablemente bello. No corren igual suerte los santaclareños, que hoy se encuentran en un reducido monte cerca del mercado de Buen Viaje. Aunque han sido muy originales con el topónimo del área: Mama Show. En la ciudad de Marta también gana fama un área de la Circunvalación, suerte de punto de recogida al que un amigo dio nombre circense: La Circunva.

En Camagüey el recién devastado Casino Campestre es sitio de encuentro por excelencia. Aunque en otro extremo de la ciudad, recorrer la carrilera de la Terminal Ferro Ómnibus supone una aventura tan fascinante como peligrosa. A uno u otro extremo de la vía, paradójicamente, se conjugan el placer y la violencia. Los hechos delictivos no son escasos en lugares como estos.No deja de ser interesante analizar las causas por las cuales existen los sitios de encuentro. “Simple corrupción”, dirían los más ortodoxos. “Incivilización”, le oiría a un positivista. ¿Habrá algo de amor en el sexo que se practica en estos lugares? O, recordando a Silvio, quienes busquen el sexo apurado, tal vez sólo recojan “sobras" de ese sentimiento.

No faltaría quien aproveche el asunto para responsabilizar al socialismo cubano. No es esta una sociedad perfecta, pero los sitios de encuentro existen en cualquier parte del mundo. Dejaré en la red las interrogantes para volver a ellas cuando me decida a seguir enriqueciendo este intento de Directorio. Se aceptan colaboraciones.

4 comentarios:

Pablo Palma Leal dijo...

¡Hola, estimado Adrián! Te visito después de uno de esos períodos míos de recogimiento. Interesante tema. Como bien dices, ese fenómeno del sexo público es una cuestión que pasa en todas partes. Lo único que en Cuba, por la ausencia de establecimientos apropiados, y de grupos sociales que reflejen los intereses de los gays y de las lesbianas, este tipo de actividad (practicada por los hombres más que nada) es la válvula de escape que se usa cuando las presiones de la carne, y del espíritu (si es que de éste último hay algo) son demasiadas. Veo que poco ha cambiado la topografía mental del asunto a pesar de haber pasado 25 años desde mis tiempos, y de los intentos del CENESEX por modificar esa visión que se nos ha impuesto, y nosotros aceptamos corderamente, de que pertenecemos y debemos seguir en las márgenes de la sociedad. Todavía el espíritu del matorral, de lo clandestino, de lo silvestre y de lo animalístico predomina en el ánimo de muchos. El matorral parece ser para muchos cubanos homosexuales, y sus muchos derivados, sinónimo de seguridad, y de lujuria sin inhibiciones. Es como si la "civilización", con sus atavismos contenedores de las pasiones reales del Hombre, se esfumara con el entorno natural para permitir así la salida libre de lo bestia que llevamos dentro. Esto último, algo que pudiera considerarse poéticamente bucólico, pero que en realidad no deja de ser para nosotros empobrecedor, y hasta peligroso, cuando lo hacemos, una y otra vez, sin ningún otro objetivo que el de anestesiar, con orgasmos repetidos, nuestras otras necesidades humanas insatisfechas. Diría que la etapa del matorral, o el "período verde", para ser ecologicamente amistoso (aunque en realidad estos lugares de "encuentro", casi siempre están polucionados con basura, condones usados, excremento, orine, etc. de los "consumidores ambientales") si no se pudiera evitar completamente, al menos debiera ser superada rápidamente. Los peligros físicos, emocionales y de salud, las inconveniencias (mosquitos, bicharracos, las piedras, las matas que irritan, etc), las periódicas persecusiones de la policía (cuando las cosas se ponen fuera de control), no son nada comparado a lo que dice de nosotros mismos el colocarnos en tan precarias situaciones. Sobre todo si se practica más allá de la etapa exploratoria de los años de la juventud temprana. Sugerir otros modos de hacer sexo fuera del matorral está fuera de mi alcance. No sé las condiciones materiales presentes (alojamiento, posibilidad de alquilar una habitación en un hotel del pueblo o de otro pueblo, etc), o el grado de seguridad en sí mismo de cada quien en cuanto a su identidad sexual, y su deseo de salir del armario en su comunidad. Pero si tengo claro que, por muchas razones que tomarían largo tiempo de ennumerar, el matojo, el arrecife costero, etc. se debe dejar atrás como dejamos atrás el columpio, el tiovivo y el cubito y la palita de arena.
Un abrazo para tí, Adrián, y una felicitación como siempre por tu corajuda voz propia.

Adrián Quintero Marrero dijo...

Pablo:

Me enorgullece tener un lector tan sincero e inteligente como tú. Estás lejos, pero alcanzas a ver entre nosotros con absoluta precisión. Hablas de las practicas de esta sexualidad "informal" como cosa pasajera, propia de ciertas etapas de la vida. Pero debemos tener en cuenta por qué muchas personas nunca la superan. ¿Afán de aventuras quizá? Aunque hay una cosa importante: para algunas personas esta práctica constituye suficiente..Otras apelan a ella, pero siguen valorando otras, siguen pensando que existen formas más lejítimas de expresar su sexualidad...En cualquier caso no será mi intención -y seguro tampoco la tuya- cuestionar, sino analizar, observar, buscar los por qué.

Pablo Palma Leal dijo...

Claro, Adrián. La cuestión más importante no es juzgar nuestras conductas, o como se desenvuelven nuestras personas, sino indagar sobre nosotros mismos para poder entender, y con el conocimiento adquirido de esa búsqueda, poder avanzar y madurar como individuos. Y esto se debe hacer con honestidad, sin miedo a equivocarnos, y hasta parecer ridículos e ingenuos en ocasiones, porque como todo ser humano somos vulnerables e imperfectos. Lo que si no debemos hacer es ignorar nuestras realidades, cualquiera que ellas sean. Una vez que se ignora algo, sea cual fuese el asunto, hay estancamiento, atraso, mentira, en fin, pobreza en todo sentido, ya sea material o espiritual. Yo personalmente participé en esas prácticas matojeras, allá y aquí. Nunca hice ningún tipo de drogas, lo cual aquí no es difícil si te propones encontralas. Pero las visitas a lugares semejantes a los que describes en tu entrada se convirtieron, en el pasado lejano, en algo así como un substituto de ellas. Me provocaban un "rush" de adrenalina muy estimulante que duraba el tiempo en que participaba en la "aventura". Pero como le sucede al drogadicto, o al alcohólico, después venía una resaca espiritual muy fuerte debido a lo efímero e insulso de la experiencia. Sobre todo por el ambiente del lugar, el carácter criminal de la actividad (aquí se le considera indecencia pública), la semiconciencia de que con mi conducta estaba dándole validez a los argumentos de muchos que rechazan a la homosexualidad, y de que yo no merecía nada mejor que aquello. No, no juzgo a quienes van a esos lugares. Sería una hipocresía de mi parte porque yo viví la experiencia y la disfruté hasta cierto punto; y además se que no hay condiciones o espacios materiales para substituir ese tipo de actividad. Pero sobre todo, no hay espacio espiritual, emocional, no hay ejemplos a seguir; en fin, no hay una subcultura (estoy hablando de allá) con la cual interactuar, enriquecer y enriquecerse de ella, seleccionar y escoger lo que es apropiado a cada cual, y de la cual poder descriminar y rechazar cuanto es falso, negativo, dañino o denigrante. Hacer algo al respecto es tarea de los que están allá (yo desafortunadamente no lo estoy ni en el espacio, ni en el tiempo, aunque trato, malamente, de aportar algo con mi bitácora); de gente como tú y otros muchos que "entienden" la experiencia porque la viven, y que por tanto pueden, y deben, ir creando esas condiciones y ese espacio para ustedes y para los que vienen detrás. Nadie lo va a crear para ustedes, ni el CENESEX, ni los personajes poderosos involucrados en el asunto. Dime, ¿has oído hablar de nuevo sobre el tema de los homosexuales en los medios de comunicación del estado, o de cualquier otra institución? Habría quien me preguntaría, ¿y qué puedo hacer yo para cambiar las cosas tal y como son y están?, ¿qué poder tengo yo? Lo primero que le diría sería: no hacer lo que yo hice, ignorar por completo mis verdaderos sentimientos y necesidades; creerme que en algún otro lugar iba sentirme libre de las ataduras que me impusieron y las que yo mismo me impuse; no dejar que nadie, absolutamente ninguna "autoridad" (sea el gobierno, mamá, papá, "amigos", compañeros de trabajo, etc.) cuestione quien yo soy, o trate de modificar, suprimir, ignorar, maltratar, chantajear, etc., mi desenvolvimiento personal, social y profesional. Ser firme y sincero consigo mismo es admirado y respetado, en última instancia, por quienes te rodean, sea cual fuese el lugar donde te encuentres y los personajes a tu alrededor. Como tú dices, el tema es largo, pero el diálogo es perentorio, y puede ser constante o intermitente; ahora sí, debe ser martillante con la gota de agua que desgasta la roca que se le interpone. Ese diálogo puede ser entre muchos, o entre dos, y en última instancia puede convertirse en un monólogo, pero no debe extinguirse. Eventualmente, habrá quienes lo embracen con amor, con mejores recursos y sabiduría, y con más dedicación. Mi próximo proyecto va ser una conversación, o mutua entrevista, entre Gladiolo, el carácter tema de mi bitácora, y yo; quienes vamos intentar explicarnos el uno al otro, y con ello, quizás, traernos más luz y proporcionarnos apoyo mutuo, y de ser posible, a otras almas similares que nos escuchen. El diálogo debe continuar.
Un abrazo para tí
Oliverio

Anónimo dijo...

LLegue tarde a la discusion, pero me alegro de encontrarme con un articulo de este tipo escrito desde Cuba y por un cubano.
Realmente aunque muchos hayamos visitado sitios como estos, no dejamos de sentirnos un poco culpables, como dice el amigo Pablo.
El principal problema en Cuba no es la falta de lugares, sino la falta de esa "cultura gay" dentro de nosotros mismos. EL reconocerse como gay va mas alla de tener relaciones con otro hombre, sino incorporar toda una serie de valores y de convicciones a las que muchos de los gays cubanos, por una u otras razones no tenemos acceso.
La falta de una rectoria, de una organizacion que nos represente y en donde nos sintamos representados, a pesar de los esfuerzos del CENESEX y el Centro de Prevencion del VIH/SIDA, ha sido una de las principales causas para que los gays cubanos no tengan una conciencia clara de su condicion y sus espectativas como seres humanos.